Diciembre 1942 – Enero 1943

El entrenamiento de Toccoa finalizó. Era diciembre de 1942 y los hombres del 506 abrían otra etapa, que culminaría con el éxito o el fracaso, la certificación de su categoría de paracaidistas o la expulsión. Esto último significaba en muchos casos, ser destinado a la infantería regular. Fort Benning era la escuela de saltos para el 506, donde empezaba el verdadero entrenamiento paracaidista. Situado cerca de Columbus, casi en la frontera entre Georgia y Alabama, Fort Benning supuso un respiro para la Compañía E, ya que, el plan de entrenamiento se dividía en cuatro etapas, siendo tan sólo la primera basada en ejercicios físicos. Se dió la paradoja que el 1er Batallón del 506 comenzó su entrenamiento antes que los demás batallones y de inmediato se iniciaron las pruebas físicas de la parte A. Los hombres se tomaron las pruebas a risa porque, estaban tan en forma, que los sargentos de instrucción apenas podían seguirlos. Sin duda, el infierno de Toccoa había hecho su trabajo. Los sargentos se reunieron con el jefe del regimiento 506 para comunicarle que no tenía sentido hacer más pruebas físicas a los demás batallones. Por eso, la Compañía E entró directamente a la fase B, junto con las demás.

Como ya hemos explicado, el entrenamiento en Fort Benning se dividía en cuatro etapas: A, B, C y D. Cada etapa tenia una semana de duración. La semana B se caracterizaba por los saltos simulados. Desde unas puertas abiertas sobre fuselajes de aviones de imitación, los soldados practicaban los saltos desde 1,20 m de altura. También entrenaban el manejo del paracaídas en arneses de suspensión o el salto con arneses sujetados a un cable de acero desde torres de 10 m de altura. Los soldados no tuvieron un buen recuerdo de la zona de vivac, conocida popularmente como “la Freidora”. Lúgubres y tristes barracones de madera sin ninguna comodidad, instalados en medio de un campo arenoso. Durante la etapa B, los hombres también aprendían a doblar y empaquetar correctamente su paracaidas.

En la etapa C del entrenamiento, las torres de salto se elevaban ya a un altura de 75 metros. Durante una semana completa, los soldados saltaban varias veces durante el día, además de un salto casi cada noche. El campo de disponía de una máquina que producía una fuerte corriente de aire, esto simulaba situaciones reales en las que el paracaidista tendría que doblar lo más deprisa posible su paracaidas.

Al acabar la tercera semana, empezaba la hora de la verdad, la semana D, durante la cual, los aspirantes a paracaidistas deberían realizar los cinco saltos que les otorgarían las ansiadas Alas de Plata. Era el punto crítico de su entrenamiento, cualquier fallo, duda, error, les podía costar la expulsión y su envio a la infantería regular. El día previo al primer salto, los soldados dedicaron especial interés a comprobar el correcto estado de sus paracaidas: doblar, empaquetar, guardar, comprobar, doblar, empaquetar, guardar, etc. Ese día, el ejercicio comenzó muy temprano y los soldados se dirigieron a los hangares con sus equipos. 24 hombres por avión. Los C-47 tomaron altura y se encendió la luz roja. El sargento instructor dió la orden con toda la fuerza de sus pulmones “Levantar y enganchar!”. Los hombres se levantaron como uno solo, enganchando la cuerda que iba hasta su mochila, con el paracaidas principal, a un anclaje que transcurría en la parte superior del interior del fuselaje por toda la fila de soldados, hasta llegar a la puerta. Acto seguido, el sargento instructor gritaba “¡Comprobación de equipo!”. El último soldado comprobaba que su compañero inmediato tenía todo en orden y este a su vez, iniciaba la comprobación del siguiente soldado en la fila. Todo ello se producía al grito de:”Número 10 OK,número 9 OK,número 8 OK…!”.

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Un detalle especialmente revelador lo comenta el soldado Gordon a S.Ambrose. Los soldados tenían prohibido colocar sus dos manos en la parte interior del fuselaje, por la razón de que, si el pánico se apoderaba de ellos, era muy difícil conseguir empujar al hombre fuera del avión. Esto podría llegar a ser fatal en una situación de combate real, bajo fuego enemigo anti-aéreo. Como resultado del entrenamiento en Toccoa y el grado de determinación mental de los voluntarios, la tasa de éxito del primer salto del 506 fue del 94%. Récord imbatido a día de hoy. Durante ese primer día, realizaron otro segundo salto por la tarde. El ansía de los soldados por volver a probar aquella “sensación de libertad” fue tal que más de un avión se quedó vació en pocos segundos, para sopresa de los sargentos instructores.

Los saltos cuarto y quinto y por tanto último del entrenamiento, se produjeron los días 24 y 26 de diciembre, respectivamente. En plenas fiestas navideñas. Una vez completados los cinco saltos, los hombres recibieron su certificación de paracaidistas y sus ansiadas “Alas de Plata”. Eran desde ese momento parte de una élite, la élite del Ejército de los Estados Unidos.

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Antes de volver al trabajo, los hombres recibieron un permiso de diez días. Fue uno de los episodios más duros que vivieron los hombres del 506. El coronel Sink había advertido de la responsabilidad que suponía llevar esas alas y la obligación de regresar puntualmente a sus puestos una vez transcurrido el permiso. Fuese por culpa de los medios de transporte o por culpa de los propios soldados, un gran número de paracaidistas no llegó a su hora. Lo que sucedió después aún irrita a los veteranos de la compañía Easy. El coronel Sink pasó revista a todo el regimiento, un oficial leyó uno a uno los nombres de los últimos en llegar de cada compañía. Dos sargentos armados se acercaban al soldado nombrado en medio del sonido de un tambor que ejecutaba un temible redoble. El lúgubre trío se acercaba al oficial y este, comunicaba al infortunado:”Soldado, queda expulsado de su compañía y por tanto, del cuerpo de paracaidistas”. Se le arrancaban los galones, la insignia del pecho, todo. Un jeep se acercó y dejo caer la bolsa de equipo del soldado. Era obligado a quitarse las botas y a ponerse zapatos, se convertía en lo que los paracaidistas llamaban un “piernas rectas”. Hubieron nueve expulsiones. Desde ese día, no volvieron a haber problemas o hubieron muy pocos, relacionados con la vuelta de los permisos.

Alas de plata

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7 Respuestas to “Alas de Plata”
  1. 1
    MaeglinNo Gravatar Dice:
    11:00 pm

    Al igual que el Tanque o las ametralladoras moviles en la I Guerra Mundial los paracaidistas y la Guerra Submarina eran conceptos rabiosamente nuevos y sorprende cuando no admira datos como el que dices acerca de la mentalidad de los elegidos:

    Tasa de éxito del primer salto del 506 fue del 94%. Récord imbatido a día de hoy.

    PD: Los Videos has landed y son muy buenos. Enhorabuena como siempre por este Blog.

  2. 2
    RobNo Gravatar Dice:
    11:58 pm

    Hola Maeglin

    ya lo dicen los propios veteranos de la Easy, cuando recuerdan a los oficiales que venían a reclutarles. “¿Qué es eso de los Paracaidistas?”,”Tirarte con un paracaidas de un avión en marcha”, “Vete a hacer puñetas!”…”pero son 50 pavos más al mes”. Una manera muy humana de explicar la novedad de un concepto militar que hace 60 años no se concebía en absoluto.

    Gracias por tu participación :) Ya estás en nuestro blogroll, como no podía ser de otra manera.

    Saludos

  3. 3
    AndrómacaNo Gravatar Dice:
    12:14 am

    Tal y como habéis mencionado ambos, resulta sorprendente que algo tan común hoy en día como hablar de tropas paracaidístas, fuese algo totalmente revolucionario hace no tanto tiempo. Como todo en este vida, los ejércitos también evolucionan y van incorporando nuevas secciones a sus filas, y este tipo de brigadas no son una excepción.

    Aquellos hombres que consiguieron sus Alas de Plata tras el durísimo entrenamiento en Toccoa, debieron sentirse tremendamente especiales por participar en algo como aquello. Para nosotros puede que sea difícil de entender, pero ser el primero en algo, ser el que abre brecha para que otros vengan detrás, ser el que crea historia, tiene que resultar muy emocionante.

    Por cierto, encantada de haberte visto pasear por Emyn Arnen, eres más que bienvenido. Sobre la música que tengo puesta -aunque la renovaré en breve-, no me canso de aconsejar a todo el que puedo, que se haga con la B.S.O. de Cowboy Bebop, compuesta por Yoko Kanno. Tanto la música como la serie son una auténtica delicia. Ya haré alguna que otra reseña en mi blog.

    Saludos

  4. 4
    Rubén OrtizNo Gravatar Dice:
    12:04 pm

    Hola de nuevo Andrómaca

    coincido contigo. La duda es si ellos tenían la sensación de estar haciendo historia…yo opino que sí. Estar ahi, en medio de todo aquello, debía ser algo impactante y ellos lo debían sentir.

    Ya tengo la OST de C.Bebop por cierto :) de vez en cuando me conecto a tu blog para escucharla, un gran descubrimiento!

    Saludos.

  5. 5
    pabloNo Gravatar Dice:
    3:59 pm

    en 4 dias estare en normandia! en utah beach!!me acordare de vosotros ;)

  6. 6
    RobNo Gravatar Dice:
    5:38 pm

    Hola Pablo

    sentiremos(de hecho, ya lo hacemos) una inmensa aunque sana envidia :)

  7. 7
    ....pernloco0001No Gravatar Dice:
    12:22 am

    bueno los soldados de elites como se los llaman ahora no es nuevo, sera que no se los conocian, ejps*/ en ECUADOR los arutan , los awias son tropas de ELITES ellos son como los los ingleses en birmania del aquel entonces fuerza especiales hay en todos los paises de mundo pero siempre hay unos mejores que otros

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