Septiembre 1943 – Marzo 1944

El viaje dentro del Samaria no fue precisamente de placer, a pesar de que era un viejo barco para pasajeros indio, que daba cabida a 1.000 personas. Quizá el hecho de que estuviese abarrotado de casi 5.000 soldados era un motivo. La rutina en aquél viaje fue la lectura y las apuestas.

Finalmente, el Samaria atracó el 15 de septiembre de 1943 en el puerto de Liverpool. Al día siguiente tomaron trenes que les llevaron hacia el sur, hacia Ogbourne. Los hombres de la compañía Easy subieron en los camiones de un convoy militar que los llevarían hacia su destino. Se detuvieron dos kilómetros antes de llegar e hicieron el resto de camino a pie, con la luz de sus linternas como única guía. De inmediato se dieron cuenta de que la obligada oscuridad se debía que estaban por primera vez en zona de combate. Entraron en sus nuevos hogares, barracones del tipo Nissen y se preparon para dormir lo mejor posible. A la mañana siguiente, se despertaron en un lugar que parecía todo lo contrario a un escenario de guerra: Aldbourne. Se trataba de un encantador pueblecito típicamente inglés. Estuvieron casi nueve meses en Aldbourne, el período de tiempo más extenso en que estuvo estacionada la compañía.

Como es fácil suponer, Aldbourne supuso un gran cambio por varias razones: para muchos era la primera vez en su vida que estaban fuera de su país, el lugar elegido para “alojar” a la compañía no era un emplazamiento militar sino que convivirían con civiles las 24 horas y por si fuera poco, tendrían que adaptarse hasta al tipo de comida. La batalla del Atlántico estaba en pleno auge y el abastecimiento de Inglaterra seguía siendo difícil, la comida que degustarían los hombres sería la misma que “disfrutaba” la población civil inglesa: leche y huevos en polvo, patatas deshidratadas o carne de caballo. El ritmo de entrenamiento se intensificó, estando prácticamente la totalidad del tiempo de maniobras. Las marchas tenían longitudes mínimas de 25 kilómetros, muchas veces se hacian con el equipo completo de campaña, otras con un equipo de combate mínimo. Ejercicios de cuerpo a cuerpo, operaciones nocturnas, clases de interpretación de mapas y orientación, nociones sobre la guerra química y estudio del armamento alemán. Estos ejercicios incluían saltos regulares desde C-47 con todo el equipo, con el objetivo de preparar a los hombres para la rápida reagrupación una vez en tierra.

En cuanto al principal problema de la unidad, su comandante, el capitán Herbert Sobel, todo seguía igual. O peor. Varios de los veteranos de la Easy recuerdan que el carácter del capitán se agrió especialmente durante su estancia en Inglaterra. La proximidad del combate se palpaba en el ambiente. Los hombres le seguían jugando malas pasadas al capitán, varios disparos en maniobras de combate pasaban rozando al comandante, entre otros curiosos sucesos. Uno de los más divertidos episodios que seguramente recuerdan los miembros de la compañía Easy, fue cuando, estando de maniobras una noche, un pelotón de hombres liderados por Sobel se encontró una valla que cerraba su paso. George Lutz imitaba a la perfección la voz del mayor Oliver Horton, segundo comandante del batallón 506. Lutz, haciéndose pasar por Horton, ordenó a Sobel cortar la alambrada y seguir avanzando. Este episodio queda bien reflejado en una escena del primer capítulo de Band of Brothers(Hermanos de Sangre).

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A la mañana siguiente, unos granjeros de la zona se quejaron al coronel Strayer. Sus vacas pastaban por sólo Dios sabía donde. Strayer pidió explicaciones a Sobel. Sobel explicó que fue el mayor Horton quien le había ordenado cortar la alambrada y seguir. Strayer no debió salir de su asombro durante unos segundos, pues el mayor Horton estaba de permiso…en Londres. Londres, donde la mayor parte de los soldados americanos con permiso iba de fin de semana, con la perspectiva de buena y barata cerveza, chicas inglesas solteras y mucha diversión. El comportamiento de los hombres en Aldbourne no tenía nada que ver con lo que pasaba en Londres. Peleas, prostitución y exceso de alcohol. La combinación de juventud y dinero (los soldados paracaidistas recibían una paga extrade 50 dólares) hacía el resto.

En diciembre de 1943, llegó a la compañía el teniente Lynn “Buck” Compton, original de California, 1921. Compton tenía el prototipo típico de hombre ideal americano, catcher del equipo de beisbol de UCLA(Universidad de California Los Angeles), fue también jugador de futbol americano, disputando la final de 1943 de la Rose Bowl. Después de graduarse en la OCS y completar el programa de saltos en Fort Benning, Compton se unió a la Easy en Inglaterra. Años más tarde reconocería sentir algo de sana envidia por los hombres que habían salido de la “fábrica de amigos inseparables” que había sido Toccoa. El liderazgo y carisma de Compton era fácilmente reconocible y pronto, consiguió ser un oficial muy admirado y respetado dentro de la compañía.

En los compases finales de 1943, el 30 de octubre se produjo lo que los hombres de la Easy recuerdan como “la inspección de las letrinas”. El caso Winters-Sobel estaba a punto de explotar. El teniente coronel Strayer tenía que inspeccionar a la compañía el día 30 de octubre de 1943 a las 11:00 horas. Sobel ordenó a Winters la inspección de letrinas, a las 10:00 horas. Pero Strayer ordenó pocos minutos después de la orden de Sobel, que Winters censurara la correspondencia de los soldados. Eso equivalía a tener que abandonar el cuartel general, así que Winters montó en bicicleta para dirigirse a su habitación. A las 10:00 Winters volvió al HQ para comprobar las letrinas. Para su sorpresa, Sobel estaba allí con un soldado, Joachim Mello. El capitán pasó al lado de Winters sin abrir la boca, seguido por un exhausto y sucio Mello. Winters se quedó para inspeccionar y ver que el soldado lo había dejado todo impecable. 45 minutos después, la mano derecha de Sobel, el sargento Evans entregaba a Winters una carta de Sobel. La carta indicaba a Winters dos posibilidades: ser castigado bajo la regla AG 104 o ser juzgado por un Tribunal Militar por no haber inspeccionado las letrinas a las 9:45 como se le había indicado. Todo carecía de sentido porque Sobel había especificado las 10:00 como la hora de llevar a cabo esa tarea. Winters se dirigió a ver a Sobel para hablar con él sobre ese incidente. La respuesta de Sobel, fue que él había enviado un mensajero y también había llamado por teléfono. Curioso porque, en la casa de Winters no había teléfono. Y tampoco vió nunca a ningún mensajero. Así las cosas, todo estaba claro. Sobel quería marcarle bien el camino a Winters, era una prueba de fuerza. Aceptar el castigo sería un mal menor para alguien de las costumbres de Dick Winters. Pero Winters estaba al límite. Aceptar eso hubiese sido aceptar un largo camino de espinosos problemas futuros y sería algo peligroso, embarcado como estaba hacía un temible combate a muerte. Este incidente no hacía ni pizca de gracia en el Estado Mayor del Batallón. Finalmente, Strayer decidió cerrar el caso y dejar el incidente sin castigo. Pero Sobel no se detuvo, envió una tercera carta pidiendo explicaciones a Winters por su negligencia en el caso de las letrinas. Winters estaba anímicamente tocado. Era demasiado. “No tengo excusa” fue su respuesta a la carta de su capitán. La crisis acabó con Winters trasladado de la compañía E, convertido en oficial del comedor del batallón. Según lo veía Winters, no había insulto semejante. Sólo destinaban a alguien allí, cuando era un perfecto tuercebotas. La resolución de la crisis de las letrinas, provocada por el mismo Sobel, se convirtió en una espada de doble filo. Ya tenía alejado a ese teniente que tanto le molestaba, pero por otro lado, algo se estaba moviendo en los escalafones más bajos y más importantes del ejército: sus soldados.

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Según el libro de Ambrose, los sargentos Harris y Raney, convocaron una reunión para discutir el asunto. Lo curioso es que también le hicieron llegar la noticia a Evans, por lo que era fácil suponer que Sobel se enteraría de todo. Menos Evans y algún suboficial más, acudieron todos. El motivo de la reunión era decidir un acción común: o Sobel era relevado de sus funciones o todos renunciarían y devolverían sus galones. Esta acción en tiempo de guerra estaba claramente estípulada en el código del Ejército: prisión o paredón. Así que decidieron consultarle a Winters primero. El sentido común del teniente se impuso ante la valentía de sus sargentos. Winters les dijo que ni se les pasase por la cabeza. El riesgo era muy alto. Pero el grupo estaba unido y decidió que fuera lo que fuera antes de entrar en combate junto a Herbert Sobel. Las actas de renuncia fueron depositadas en el lugar adecuado. Días más tarde, apareció Sink hecho un obelisco. Les amenazó directamente, en otro momento, un acción semejante hubiese sido brutalmente condenada. Pero la invasión era inminente y Sink no podía permitirse una alteración tan grande de la disciplina y moral de sus hombres. Por suerte para Sink, el Ejército había abierto una escuela de saltos para personal médico, capellanes, observadores artilleros y otro tipo de hombres. Sobel se encargaría de dirigir esa escuela. Así pues, Sobel sería relevado como comandante de la compañía Easy. El teniente primero Thomas Meehan de la compañía B sería su sustituto. El teniente primero Patrick Sweeney sería el segundo comandante. Winters salió de las cocinas para volver a ser el líder del primer pelotón de la Easy. Ranney fue degradado a soldado y Harris destinado a otra unidad(no confundir con el teniente Harry Welsh).

Navidad transcurrió con toda la tranquilidad que podía esperar en aquella situación. El único incidente fue la baja mortal, la primera de la Easy, del soldado Dittrich, debido a un fallo en su paracaidas. El 18 de enero, el general inglés Bernard Law Montgomery pasó revista al Batallón en Chilton Foliat. La frase quedó para la posteridad:“Después de haber visto el 506, me compadecí de los alemanes”. 1943 acababa, 1944 y con el, el destino fatal de muchos hombres, comenzaba. A partir de febrero, el Ejército comenzó los preparativos de invasión, lo que incluía maniobras nunca vistas hasta entonces, que incluían la 101 y siete divisiones. El 23 de marzo, los batallones 2º y 3º del 506 realizaron el mayor salto hecho hasta la fecha. No en vano, asistían al evento el primer ministro inglés Winston Churchill, el comandante supremo de los ejércitos aliados Dwight D.Eisenhower, el comandante del Primer Ejército de los Estados Unidos Omar Bradley o el general Max Taylor, comandante de la 101 división aerotransportada(el general Lee había sido relevado por causa de un infarto). Después del salto, Churchill y Einsenhower fueron invitado por Taylor a pasar revista a las tropas. Churchill se detuvo delante de Malarkey y le preguntó:”¿De dónde es?”. Sin duda, una ocasión que pasaría a la historia.

Después de ese día, siguieron grandes operaciones por todo el suroeste de Inglaterra, destinadas a preparar la combinación de las fuerzas terrestres, aéreas, navales y las de la 101. Saltos y operaciones anfibias inmensas se convirtieron en la mejor piedra de toque para el Ejército de los Estados Unidos.

El “día de los días”, estaba cada vez más cerca.

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Una respuesta to “Aldbourne. El último paso.”
  1. 1
    AndrómacaNo Gravatar Dice:
    1:05 am

    La escena de Sobel y la valla es mítica. Refleja muy bien dos cosas:
    1) La ineptitud de Sobel -sería muy bueno preparando a los hombres pero era un auténtico desastre en el aspecto práctico-.
    2)El nivel de puteo -y perdón por la expresión- que se había generado por parte de la compañía hacia su supuesto líder.

    Si la situación no se hubiera resuelto del modo en que finalmente lo hizo y Sobel hubiese estado al mando la fecha del desembarco con tantos problemas internos y tanta incompetencia, el destino de estos hombres habría sido bien distinto, o cuanto menos incierto.

    Además, montar el circo que montó con Winters a fin de quitárselo de encima es un síntoma del carácter tan difícil que debía tener este hombre. Si no soportas que haya un buen jefe dentro de tus filas, una persona que sabe hacer bien su trabajo -puede que incluso mejor que tú- y prefieres deshacerte de ella aun a riesgo de que las consecuencias sean perjudiciales para el resto de tus hombres, es que algo no anda bien.

    No digo que Sobel fuera un mal soldado, al contrario, pues fue el que preparó -y de qué manera- a los miembros de la Easy, pero sus defectos como persona le llevaron inevitablemente a verse relegado a un segundo plano.

    Interesante artículo, como siempre.

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