Dirección: Bernhard Wicki
Producción: Fono Film
Reparto: Folker Bohnet, Fritz Wepper, Michael Hinz, Frank Glaubrecht, Karl Michael Balzer, Volker Lechtenbrink, Günther Hoffmann, Cordula Trantow, Wolfgang Stumpf, Günter Pfitzmann, Heinz Spitzner, Siegfried Schürenberg
Duración: 105 minutos
Año: 1959
País: Alemania
1959, tan sólo 14 años después del fin de la 2ª Guerra Mundial, surgió de la propia Alemania una película que trataba en profundidad el conflicto moral, el adoctrinamiento del estado nazi a la población y su repercusión en el estrato más joven de ella. Es increíble que una película como Die Brücke pudiese haberse rodado en un país devastado como la Alemania de 1959, todavía en estado de “shock”. Sin embargo, ahí está. Una de las mejores películas donde podemos ver que la máquina nazi de triturar vidas, no se detuvo ni ante sus propios ciudadanos más jóvenes. El total adoctrinamiento, que se venía produciendo desde 1933, creó chicos y chicas que sólo tenían un modo de vida: Alemania.

Supe de “El Puente” a través del blog del Mayor Reinsman, un blog dedicado al cine bélico. Nunca antes había oído hablar de este film. Al no tener ni idea de su argumento, me sorprendió totalmente. En el cine bélico, normalmente prima la acción y el contenido militar. Pero en “El Puente”, el director se centra en la vida de un grupo de jóvenes alemanes, de 16 años en su mayoría. En 1945 fueron la última de las quintas que se incorporó a filas. Resulta interesante también desde el punto de vista social, porque vemos, en parte, la vida de un pequeño pueblo alemán en plena guerra mundial. La escasez de alimentos, los conflictos con los jerarcas locales del partido nazi, las dificultades prácticas del día a día y la excitación (o preocupación) ante el desarrollo de la guerra.
Los jóvenes expresan su ansia y angustia ante la falta de la reclamación oficial por parte del Ejército, de su incorporación a filas. Esto dice mucho del ánimo combativo de buena parte de la sociedad alemana, los más jóvenes, los que habían sido adoctrinados desde pequeños. Pero la nota oficial acaba llegando y sonrientes, llenos de júbilo la mayoría, se reúnen en los cuarteles del Ejército en el pueblo. Buena parte de la población de mayor edad, militares incluídos, ven con preocupación unos y con evidente desprecio otros, el reclutamiento de jóvenes inverbes de tan temprana edad. Son instruidos a gran velocidad, en el manejo de armas y órdenes básicas de infantería. Cuando acaban, se puede llegar a decir que son soldados, en teoría. Saben manejar MG – 42, Panzerfaust y armas ligeras.
En esa época, muchos de los adolescentes fantaseaban con su incorporación a filas, bromeando en llegar a ser oficiales o combatir al enemigo ruso o americano. Veían la guerra desde muy lejos y además, el Estado nazi se preocupaba al máximo de que su población mantuviese la moral alta. La peor parte se la llevaban las mujeres no obstante. Muchas viudas, sin marido, algunas ya habían perdido sus hijos mayores y ahora ven con preocupación que la guerra no se detendrá y llamará una vez más a su puerta, a cobrarse un alto precio. No hay tiempo para el amor o la preocupación familiar. El Estado les reclama y ellos, como podemos ver en la película, están plenamente dispuestos. Al menos, hasta que los primeros disparos resuenen y las primeras bombas se cobren la vida de sus amigos.
El director Bernhard Wicki, no dudó en ofrecer con el máximo realismo posible, la locura de la guerra desde el punto de vista de unos adolescentes. Jóvenes, dispuestos a entregar su vida por la patria, sin pensar ni por un momento en renunciar o simplemente, escapar. Un capitán de la Werhmacht, antiguo profesor, les encarga una misión fácil, tendrán que guardar el puente de su pueblo. El maestro de la escuela ha logrado convencerlo de que, es una locura mandar a esos chicos al infierno. En el puente ven desfilar los primeros indicios de lo antaño veían desde la lejanía. Soldados de infantería heridos, mutilados, viajando en abarrotados camiones militares, se dirigen a toda velocidad a la retaguardia, escapando del combate con los americanos. La perplejidad se palpa en el rostro de los inverbes. ¿Acaso es esta la disciplina alemana en el combate? Pronto, tienen su propio encuentro con el enemigo. Los americanos avanzan hasta la entrada del poblado y los chicos, con el arrojo propio de la edad, se atrincheran en su puesto, se van a enfrentar por primera vez con el invasor. Pero, a pesar de las muestras de valor, las balas no entienden de edades. La masacre es inevitable y uno a uno, caen muertos en su puesto de combate. Han conseguido rechazar el intento de penetración en el pueblo, pero Alemania ha perdido sangre jóven de valor incalculable.
El paso de, jugar en el patio de la escuela, a empuñar armas automáticas y granadas de mano, fue fatal para toda una generación de jóvenes alemanes, que pagaron caro, muy muy caro, la despótica dirección de su estado a manos de pérfidos e inhumanos dirigentes. Esa es la cruda realidad que muestra “Die Brücke” y que sigue siendo un aviso universal, para todos, de la locura inhumana que suponen algunos aspectos de nuestra propia e inherente “Humanidad”.





