mussolini

Hace un par de años, más o menos, estaba yo en tierras galas, al sur de ellas, en Montpellier. Disfrutando de un maravilloso sol de primavera y la hospitalidad de una maravillosa familia francesa, andava yo gozando del momento en la terraza de la casa, con un buen libro al que incar el diente.

Era una biografía de Mussolini. El libro me atrajo enseguida. Mussolini, pese a ser el más famoso aliado de Hitler en la Segunda Guerra Mundial, no había sido hasta ahora para mi más que un pésimo segundón, fracasado y aborrecible. Sin embargo, la vida del “Duce” tenía muchos misterios (para mi) y el libro daba buena cuente de muchos de ellos.

Mussolini, ese líder político radical, que crea mucho antes que los alemanes el primer movimiento fascista solido, con base política y programa de partido. Con respaldo social, al principio pequeño y luego casi mayoritario. Pero en los numerosos documentales, Mussolini siempre se trata (o casi siempre) con desdén y como digo, desde segunda fila. Sin embargo, he de decir que como en todo, nunca te acuestas sin saber algo más. Su biografía estaba repleta de grandes detalles y hechos interesantes. Es por eso que esta noticia me atrajo enseguida.

No me estenderé ahora más de lo que debo y me centraré en la noticia. Un hecho sorprendente. La juventud de Mussolini, al igual que la de Adolf Hitler, no fue un camino de rosas. Era un joven insolente, respondón y gamberro, poco dado a asumir la autoridad y la disciplina. Fue de un lado a otro de la frontera, numerosas veces pisados sus talones por el peso de la Ley. A la edad de 34 años, ejercía ya el periodismo. Editaba el periódico Il Popolo d’Italia. Desde esa tarima de influencia que ejerce cualquier diario, sus bravuconadas exigían la permanencia en la guerra de Italia del lado Aliado (La Gran Entente). Amenazando de paso a los civiles pacifistas con que utilizaría la persuasión de veteranos de guerra para … convencerles.

Muchos años más tarde, el historiador de la Universidad de Cambridge, Peter Martland, ha descubierto detalles de un acuerdo entre el MI5 y el futuro Duce, en términos bajo los cuales, Mussolini se convertía en espía británico. Quizá eso sea decir mucho, pero si parece cierto que el MI5 pagó por sus servicios. La no despreciable cifra de “100 libras a la semana desde otoño de 1917 y durante al menos un año para mantener la campaña a favor de la guerra”. Eso, para alguien que había vivido varios años en la pobreza o al menos, en una situación no muy acomodada, era mucho dinero. Los pagos fueron aprobados por Sir Samuel Hoare, diputado y agente del MI5 en Roma. Hoare dirigía una red de un centenar de miembros en la capital italiana.

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