Band of Brothers – Breaking Point
Dirección: David Frankel
Bastogne. La sola palabra retumba aún hoy en día en los veteranos de guerra de la Segunda Guerra Mundial. La ofensiva nazi en las Ardenas languidece, todo parece a favor de los Aliados, pero por más que las victorias se sucedan rápidamente, el tiempo siempre discurre mucho más lento para el soldado de infantería.
La Easy entró en Bélgica con 121 hombres, entre oficiales y soldados más 24 soldados de reemplazo. ¿Con cuantos hombres saldrá de la misma?
La compañía Easy, es enviada a despejar los bosques de los alrededores de Foy, 5 kilómetros al norte de Bastogne. En medio del avance de la Easy hacia el frente de Foy, el soldado Hoobler tuvo un mortal encuentro con un correo alemán que atravesaba las líneas a caballo. Hoobler dio el alto pero el soldado alemán salió al galope. Hoobler disparó una vez, erró, disparó otra, y esta vez no falló. El soldado alemán cayó inerte al suelo. Hoobler estaba dando la lata desde Normandía con encontrar una Lugger para su hermano pequeño. La Lugger era una pistola de oficial entre la tropa alemana, que emitía un sonido muy característico. La alegría de Hoobler al obtener su recompensa fue enorme. Se movió de agujero de tirador en agujero de tirador explicando su hazaña, de como había abatido al enemigo. Pero el destino tenía guardado para Hoobler un dramático final. El desconocimiento de un arma, es mortal. Hoobler enfundó el arma en sus pantalones sin haber echado el cierre a la pistola, y accidentalmente, esta se disparó, sesgando la arteria. La muerta era segura e inevitable. Intentaron ayudarle pero todo fue un vano. Buck Compton, uno de los líderes naturales de la Easy, recibió un duro golpe.
En medio de este trágico incidente, Carwood Lipton, primer sargento de la Compañía Easy, informa al comandante del 2º Batallón, Dick Winters del terrible suceso. Winters interroga a Lipton sobre el paradero de Norman Dike, el teniente y comandante de toda la Compañía Easy. Winters razona que esa clase de noticias deberían venir de el. La tristeza y la desazón invaden el rostro de Lipton. Winters tiene razón. ¿Donde diablos está Dike?
Norman “Foxhole” Dike es el líder, al menos por rango, de la compañía Easy. Es el favorito de alguien en el Estado Mayor de la 101, alguien que lo ha colocado ahi, en ese lugar de tan elevada responsabilidad, como un objetivo más a cumplir en una carrera militar hacia el generalato. Pero Dike no goza ni del respeto ni de la confianza de los hombres de la Easy. “No era un mal líder por tomas decisiones equivocadas, era un mal líder por no tomar decisiones”. Winters tiene sobradas razones para desconfiar de Dike, pero tampoco tiene claro quien poner en su lugar. La Easy ha sido muy golpeada desde que inició su aventura en Normandía y no anda sobrada de buenos suboficiales. De los hombres de Toccoa, Compton parece el único idóneo pero Winters quiere tener al menos un buen líder de pelotón.
Compton siempre ha sido un líder dentro de la Easy, prototipo de joven y fuerte deportista de universidad, le han llevado a ser un referente para veteranos y reemplazos. Pero hace algún tiempo que la moral de Compton está tocada. Ha sido herido varias veces y puede que el agotamiento de la guerra esté haciendo mella en su espíritu. Se le ve mucho más paternal, preocupado, por la salud de sus amigos. Y eso lo notan los perros viejos de la Easy.
Los días pasan y los alemanes no se rinden. Después de la heroica defensa de Bastogne, la 101 ha decidido enviar a un oficial de cada regimiento 30 días a casa para una campaña de venta de bonos de guerra, puro marketing. ¿El elegido del 506? El oficial de inteligencia Lewis Nixon. Sin embargo, Nixon no tiene ninguna intención de volver a su país por ahora y él y Winters toman una decisión, enviar a Peackok. Se desplazan periodistas para informar sobre la defensa de Bastogne, hay que producir material de propaganda para animar la moral aliada. Sink se acerca al puesto de mando de Winters y Nixon para saber que nuevas hay sobre la defensa enemiga en Foy. Nixon informa de que hay elementos de la 10ª Panzer de Granaderos y al menos 3 Tiger y un 88. El asalto a Foy no va a ser ninguna fiesta de graduación.
Otro perro viejo de Toccoa aparece por los bosques, Joe Toey, herido en Bastogne vuelve del centro médico. Winters le reprende por ello, pero Toey está obcecado, quiere volver con sus compañeros lo antes posible. La camaradería de la Easy es lo único que no ha podido minar el enemigo.
El 3 de enero de 1945, la compañía Easy volvió a dirigirse a su antigua posición en el bosque de Foy, salvo algunos que se quedaron en la compañía D para reforzarla. La compañía D…liderada por el teniente Speirs.
A estas alturas de la guerra, la leyenda de Speirs ha recorrido todo el batallón. Muchos le temen, otros le respetan. Pero imaginar el sentimiento de un reemplazo al saber las historias que cuentan de Speirs: que si mató a unos prisioneros de guerra, que si eran 20, que si 30, 40…etc. Pero Speirs es un buen líder y todos lo saben.
Los miembros de la Easy refuerzan sus fortificaciones alrededor de Foy, aguardando el asalto inminente. Sigue nevando, sigue haciendo frío, pero nadie contempla el volver a casa. Determinación suprema para cumplir el objetivo. Pero los alemanes tampoco cedían en su empeño, y pronto, lanzaron sus salvas de artillería contra las posiciones de la Easy. Los árboles, altos como torres, estaban en miles de astillas afiladas, el blanco suelo belga se convertía de repente en humeantes cráteres, el sonido devastador aullaba y se hacía sentir por todo el bosque. El infierno volvía de nuevo por Navidad. Litpon, como todos los hombres, corrió en busca de un agujero en el que resguardarse. Preso de sensaciones contradictorias, comenzó a reír en vista del espectáculo pirotécnico que los alemanes estaban realizando. Posteriormente, pensó que de haber sabido lo que le había ocurrido a Joe Toey, no se hubiese reído en absoluto.
Toey, que hacía poco había vuelto de la enfermería, había sido alcanzado gravemente por un impacto de artillería. Le habían destrozado la pierna derecha. Los gemidos de ayuda de Toey, llegaron a oídos de un buen amigo suyo, “Wild” Bill Guarnere, que acudió rápido en su ayuda, aún a sabiendas que, los alemanes esperaban justo eso. Pronto volverían a lanzar sus salvas mortales. Y Guarnere tenía razón. Otra vez el terrorífico sonido y el crepitar de la pólvora resquebrajando el helado suelo de Foy. Guarnere coge en brazos a Toey, intentando llevarle a lugar seguro…pero no lo consiguió. Otro proyectil les impactó de pleno, dejando a los dos amigos heridos de suma gravedad, con sus extremidades inferiores amputadas por la metralla.
Compton intenta ir en su ayuda, haciendo gala de un valor heroico, pero las salvas de artillería le derriban dejándolo inconsciente. Cuando todo acaba, Compton asiste a un espectáculo macabro que acaba con su moral, dos de sus mejores amigos yacen heridos de muerte en la nieve, teñiendo de rojo el campo de batalla. “Médico!” es todo lo que acierta a decir. Su mirada se pierde en el vacío. Ya no es un soldado. No puede serlo.
Milagrosamente, Guarnere y Toey aún sobreviven, y son evacuados rápidamente. Pero el mismo Compton fue evacuado. En el informe, de decía que Compton había sido evacuado por un caso grave de pies de trinchera, pero la verdad, es que la imagen de sus amigos tendidos e inertes en el suelo, había agotado toda su resistencia. Compton tenía razones para estar agotado, desde Normandía había liderado a muchos compañeros, había sido herido en Normandía y Holanda, obtenido la Estrella de Plata por la toma de los cañones del Día D, “soportó todo lo soportable”.
El panorama era desolador. Teniendo en cuenta que Compton era uno de los pocos hombres con liderazgo, sólo quedaba Dike como referente en la compañía Easy. Bueno, él y Lipton. Y Lipton sabía que eso no era nada bueno. En los días siguientes, la Easy limpió los bosques del este de Foy. Posteriormente con ayuda del 506, se limpiaron de resistencia la parte oeste. La Easy sigue aguardando el día del asalto. Y de repente, otro ataque de artillería alemán. No es algo a lo que nadie se pueda acostumbrar. Vuelve el miedo, la adrenalina y la lucha por la supervivencia. Esta vez le toca el turno a Muck y Penkala. Se evaporan de este mundo ante los mismos ojos de George Lutz…un proyectil estalla en su agujero de tirador. Lutz corre a buscar refugio y encuentra a Lipton. El ataque cesa pero un último proyectil es lanzado y alcanza la posición de Lipton y George. Pero no estalla. Allí, ante sus ojos, el mortal enemigo ha fallado. Aún humeante. Lipton no es fumador, pero su estado de nervios es tal, que arrebata a George un Lucky Strike. Al día siguiente del cañoneo que mató a Muck y Penckala, Lipton sorprendió a un soldado cavando un pozo con sus propias manos, había perdido el juicio. “El miedo es veneno en combate, todos lo sentíamos, pero ninguno dejábamos que se notase. No podíamos, es destructivo y contagioso”.
Mientras, Buck Compton emprendía un camino de no regreso al frente. Era evacuado del frente de Bastogne. Lipton no paraba de animar a los hombres, no dejaba que su moral se viniese abajo. Y Lipton estaba preocupado, y con razón. El asalto era inminente. Y Lipton, la noche previa al ataque, comentó al mismo Winters sus dudas con respecto a Dike. Aún a sabiendas de que Winters no podía hacer nada. Dike, para bien o para mal, estaría al mando al día siguiente.
Y el día llegó. Eran 200 metros a campo a través sin ninguna cobertura, había que moverse rápido o era la muerte. Winters coloca 2 secciones de ametralladoras que proporcionan fuego de supresión desde los flancos de la Easy. El 3er Batallón entrará por el este para distraer, la compañía Dog de Speirs quedará en reserva. Winters insiste en que la clave es la rapidez. Sino, el fuego de mortero y artillería aniquilará a los hombres.
Y Winters da la orden. La Easy se disponer a tomar Foy. A los pocos metros del avance, todo se viene abajo. Dike pierde la concentración y hace detener el avance de toda la compañía. Comienza a dar órdenes sin sentido que los hombres no tienen más remedio que cumplir. Para los alemanes, es como ir a la feria y tirar al pato. Varios hombres han caído y otros han sido heridos. Es cuestión de vida o muerte. Winters no para de desgañitarse dando órdenes que nadie puede oír. La ira le vence y avanza unos pasos que le ponen en franco peligro. Sink le ordena que vuelva a su puesto de inmediato pero antes de que Sink pueda decir nada, Winters llama a Speirs y dice que tome el asalto de Foy y releve a Dike inmediatamente. A Speirs no le hacen falta más órdenes. Como un fastama aparece en el campo de batalla entre disparos y fuego de mortero. A la carrera llega hasta el puesto de Dike, coge el mando y lo releva. Empieza a dar órdenes y los soldados agradecen que por fin tienen alguien que les manda debidamente.
El ataque puede proseguir. Con Speirs la Easy avanza todos a una y los alemanes empiezan a perder la ventaja de la artillería. Se va a iniciar un combate cuerpo a cuerpo. Poco a poco, las fuerzas de la 101 hacen retroceder a los alemanes. Los blindados y la infantería alemana emprenden la retirada, Speirs necesita la ayuda de la otra compañía implicada en el asalto, la I. Pero no hay radio, es imposible contactar con la I. Sin embargo, eso no pareció un gran problema para Speirs, que abandonó su cobertura e inició una carrera por en medio de las filas enemigas en dirección al otro lado de Foy. Al principio los alemanes estaban tan sorprendidos que ni siquiera dispararon a Speirs. Pero lo más sorprendente no es que consiguiese contactar con la I, lo más sorprendente es que volvió a la carrera a su cobertura inicial para dar órdenes a Lipton. El sargento primero no podía dar crédito a lo que estaba viendo. Así pues, la Easy se hizo con Foy. Después la batalla, los hombres tuvieron un breve descanso en un convento cercano. Allí, Speirs comunicó a Lipton que iba a ascender a teniente. El Estado Mayor no había pasado por alto su labor en aquellos duros días. La Easy había entrado en Bastogne sin líder y salía de ella con uno, Roland T.Speirs. Poco más tarde, se requeriría la presencia de la Easy en otro sector del frente. Nos quedamos con una de las frases finales del capítulo, que explican en pocas palabras, la locura del aquel infierno blanco:
“Aparte de los heridos y los muertos, todo hombre sufrió en Bastogne. Hombres no alcanzados por la metralla o por las balas, fueron sin embargo, bajas forzosas”
Stephen E. Ambrose







